No te engañes, tu cerebro odia que pienses

No te engañes, tu cerebro odia que pienses.

¿Por qué tu cerebro odia que pienses?

Al contrario de lo que sería considerado “lógico”, la paradoja y la realidad, es que  tu cerebro odia que pienses. ¿Qué por qué digo que tu cerebro odia que pienses?

La respuesta es muy sencilla, porque pensar al cerebro le supone riesgos, le implica esforzarse y nuestro cerebro está programado para trabajar de forma eficiente, es decir, gastando lo mínimo posible. Por este motivo, nuestro cerebro buscará siempre la rutina, el automatismo y el mínimo esfuerzo, porque así es como está programado, y así es como lo ha estado haciendo durante miles de años anteriormente.

De hecho, científicamente está demostrado que el tiempo que pasa desde que el cerebro emite una señal para actuar hasta que realmente lo hace es de tan solo 0,5 segundos. Esto significa que en este espacio tan corto de tiempo, en este momento entre la conciencia de lo que vas a hacer y la acción en sí, es donde vamos a tener que actuar si realmente queremos hacer algo diferente, si realmente queremos cambiar… si queremos retar a nuestro cerebro… ¿La parte positiva de la historia? Que esto es algo totalmente entrenable 🙂

Tu cerebro odia que pienses, entrénalo.
Tu cerebro odia que pienses, entrénalo.

¿Qué es la plasticidad cerebral y por qué me gusta tanto este concepto?

 

La plasticidad es esa propiedad que tienen algunos materiales, y nuestro cerebro, de cambiar de forma, de moldearse. El cerebro está formado por miles de neuronas que se comunican entre sí a través de conexiones. Cuando aprendemos se establecen nuevas conexiones o rutas. Imaginaros un campo lleno de hierba y que siempre pasáramos por el mismo sitio para ir del punto A al punto B, ¿Qué pasaría al cabo de un tiempo? Qué por el desgaste de pasar siempre por el mismo sitio acabaríamos construyendo un sendero, que nos permitiría llegar más rápido de un sitio a otro, y con menos esfuerzo que antes.

Lo mismo le pasa a nuestro cerebro. Cuando aprendemos algo se crean caminos que se refuerzan con la repetición. Por ese motivo, cuando aprendemos algo, primero nos cuesta y, a medida que lo vamos interiorizando, y lo vamos repitiendo, esa conexión, o ese “camino” cerebral se solidifica y queda construido, permitiendo que  al cabo de un tiempo no tengamos que pensar, sea automático (y el cerebro así gaste menos energía y se ponga en el modo ahorro que hablábamos antes).

Para que veáis un ejemplo del poder del aprendizaje os dejo una fotos de la web de cognifit una empresa dedicada a mejorar la salud cognitiva con ejercicios que estimulan el cerebro y que nos muestran la evolución de las redes neuronales antes de entrenar, a las dos semanas de estimularlas entrenando cognitivamente y a los dos meses de estimularlas con ejercicios, ¿Impresionantes, no?

cambiar neuroplasticidad

Fuente: www.cognifit.com

Pensar, por tanto, cambia nuestro mapa cerebral, cambia nuestras conexiones neuronales, creando rutas más o menos estables. Imaginemos el ejemplo de una persona negativa… con todos sus pensamientos negativos día tras día…  el resultado final en el cerebro… ¿os lo podéis imaginar? Una red sinfín de conexiones neuronales negativas que se entrelazan dando forma al cerebro!… y creedme, esto solo puede ir a peor! Lo que piensas transforma tu cerebro, así que una de las frases que más me oiréis repetir es precisamente que cuides lo que pienses!

Pero entonces… ¿cómo lo hago para romper ese piloto automático del cerebro?

Pues yo te diría que para hacerlo deberías tener en cuenta dos cosas, en primer lugar, es que otra particularidad del cerebro es que no es capaz de reconocer realidad de fantasía, si no acabas de ver claro qué quiero decir con esto, imagínate que tienes en frente un limón… ¿verdad que estás salivando aunque sea tan solo una fantasía y no sea real? ¿Ves ahora porque digo que el cerebro no distingue entre realidad y fantasía? Así que, aunque será objeto de otro post como he dicho antes, ten cuidado con lo que piensas puesto que el cerebro no sabe si esto que piensas es real no

De hecho, el cerebro solo reconoce creencias, así que lo primero que tienes que hacer es creer que lo puedes hacer. Y en segundo lugar, conocerte. Tienes que conocerte y saber qué quieres cambiar. Y ojo! esto que parece fácil es muy difícil ¿Y sabes por qué? Porque como te he dicho antes, cambiar una rutina, implicará al cerebro: esfuerzo, trabajo, disciplina, tiempo, compromiso… y a veces, dolor a lo que además le hemos de añadir la presión social, el miedo al fracasar, a hacer el ridículo…

Cambiar algo depende de uno mismo, es un trabajo personal para el que se ha de estar dispuesto asumir todo lo que implica este proceso. La mayoría de gente fracasa porque quiere cambiar hacer sin esfuerzo, sin dedicarse ni un minuto a conocerse, a romper esos 0,5 segundos… pero si llevas 10 años haciendo algo que quieres cambiar, por ejemplo, una determinada actitud, no cambiarás por arte de magia de la noche a la mañana, hay que dedicar tiempo, esfuerzo y compromiso al cambio, hay que romper con algo que tu cerebro lo tiene ya incorporado como hábito al que no debe dedicar ningún esfuerzo extra…

Hay que saber detenerse a conocerse, poner la pausa ya que nuestro cerebro por sí solo no lo va a hacer nunca y preguntarte… ¿a dónde estoy hoy y dónde quiero estar mañana?

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